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sábado, 29 de septiembre de 2007

Eva Mei

Falansteriano y yo asistimos ayer a la Gala Lírica de Clausura del LV Festival de Ópera de La Coruña. La orquesta sinfónica de Castilla y León acompañó al tenor Shalva Mukeria y a la soprano Eva Mei. La Gala fue muy satisfactoria y alcanzó sus momentos culminantes con el Ah, mes amis de La fille du regiment (Donizetti), y con el E´ strano… Sempre libera! de La Traviata, que me (nos) puso la piel de gallina. Mukeria fue de menos a más y me pareció un tenor sobresaliente y entregado. Con Eva Mei me queda la sensación de que nos escatimó sus mejores recursos, y de que tan solo dejó intuir la gran cantante que es. Sensación que se confirma después de escucharla en este video, en el que destapa el tarro de sus esencias.

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martes, 4 de septiembre de 2007

Porgy and Bess

Buenas noticias: el próximo veintiuno de octubre tendremos la oportunidad de asistir a la representación de la ópera Porgy and Bess en La Coruña. Las entradas se ponen a la venta el diecisiete de septiembre, y creo que merecerá la pena asistir. Yo, desde luego, no pienso perdérmela.

Porgy and Bess está considerada como la culminación de la carrera de George Gershwin, compositor estadounidense, conocido sobre todo por sus aportaciones al género de los musicales.

El reparto de esta obra está formado íntegramente por cantantes negros, ya que su argumento gira en torno a la vida de una serie de personajes afroamericanos.

Incorporo este video como aperitivo. Se trata de Summertime, una canción que es la melodía más conocida de las que forman parte de esta ópera.

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domingo, 22 de julio de 2007

Lakmé

Nuestra noche en la ópera ha revitalizado mi interés por la música clásica. Aquí os presento un fragmento de Lakmé, de Leo Delibes, interpretado, otra vez, por mi admirada Erika Miklosa.

El Dueto de las Flores es muy conocido por su repetida presencia en anuncios y películas. En el siguiente video sirve de telón de fondo a una de las escenas más memorables de la historia del cine: el diálogo de los sicilianos entre Dennis Hopper y Christopher Walken, en Amor a Quemarropa.


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jueves, 12 de julio de 2007

Una noche en la ópera

Dark Historian, el J.J. Jameson de este blog, me ha encargado que escriba una crónica de nuestra noche en la ópera. Si esperáis una reseña de crítico musical llena de ácido rencor, en la que se diga que me aburrí como una ostra, que los intérpretes eran malos, y que detesto a Mozart, a La flauta mágica, y, al género humano, no sigáis leyendo. Porque la realidad es que el espectáculo fue deslumbrante; disfruté como un niño con su nueva Playstation; los cantantes me parecieron superlativos; y mi aprecio por el vienés y por su obra salió reforzado del Palacio de la Opera de La Coruña.

Puntúo la representación no con un diez, sino con un tres sobre tres. Y lo hago así porque el mundo de La flauta mágica es ternario y no decimal. La inspiración masónicade sus autores hace que el eco del número tres resuene por todas partes: hay tres notas en el tema principal, Tres Damas, Tres Genios, tres pruebas… Curiosamente, ese eco traspasaba el sábado la barrera imaginaria del escenario: tres eran las parejas que integraban nuestro grupo; y tres los sietes en la fecha del evento (siete de julio de dos mil siete). Dejemos que el número mágico se siga escuchando en este post, y rescatemos tres momentos de la representación:

Momento belleza: Sinestesia pura. La ópera es, sobre todo, música, que está pensada para estimular los oídos; sin embargo, el aria decimotercera comienza con un regalo para la vista. Primero, el escenario está oscuro. Luego, poco a poco, se va descorriendo un panel que nos permite ver a Pamina durmiendo a la luz de la luna. La concepción del cuadro es absolutamente pictórica: El lecho en el que yace la princesa está cubierto por un paño rosa; ella va de blanco; y de fondo hay un telón azul que pende de lo más alto. Los tonos de los colores son suaves, apastelados. Es como si un lienzo de Gustave Moreau hubiera cobrado vida. No es el único destello de brillantez visual de este montaje, en el que la escenografía destaca por su eficacia y su inteligencia; pero la plasticidad de aquella imagen consigue hipnotizarme. Cuando Monostatos entra en escena, yo soy sólo ojos. Hará falta algo más poderoso que sus lamentos para despertar de nuevo a mi ser auditivo.


Momento fuerza:
La resurrección del oido y su ascensión hacia el cielo. El telón azul se desploma y Pamina despierta. La presencia arrolladora de la Reina de la Noche irrumpe de entre las tinieblas. Es justo el impacto que necesito para que mis tímpanos vuelvan a estar en guardia. Reconozco la partitura y me acomodo en el asiento. Ha llegado la hora del conocidísimo aria Der Hölle Rache (La venganza del infierno…). Mi corazón se acelera emocionado, de la misma forma en que lo hizo en su día en el umbral de la Capilla Sixtina. La Reina de la Noche está siendo interpretada por Erika Miklosa, una de las mejores sopranos coloratura de los últimos años. No existe un instrumento musical que puede igualar la calidad de una voz como la suya. Sus agudos son como dagas hechas de hielo austral. Poco a poco entro en un estado propio de los meditadores o de los místicos. Mi yo se eleva tanto que me abandona. La música me inunda. Sólo la música.

Momento sabiduría:
La representación termina con un coro fastuoso, en el que las voces cantan el triunfo de luz sobre las tinieblas, de la sabiduría sobre la superstición. Se me ponen los pelos de punta cuando pienso en la actualidad del debate, y más aun cuando me doy cuenta de que las formas más supercheras y tenebrosas del pensamiento humano (evangelismo recalcitrante, wahabismo, judaísmo ultraortodoxo…) están instalándose en las más importantes esferas de decisión a nivel mundial. Sin embargo, quiero quedarme con el mensaje positivo que nos trasmite La flauta mágica. Mientras me rompo las manos aplaudiendo pienso que una representación como ésta a la que he asistido es una buena prueba de que todavía hay espacio en el mundo para el optimismo y la esperanza. Miro al escenario y hago un rápido recuento: hay personas de muchas nacionalidades distintas: húngaros, rumanos, alemanes, italianos, españoles, polacos… Personas que se olvidan de banderas y creencias y que colaboran para conseguir un objetivo común: emocionarnos. Soldados del arte que consagran su existencia no a la destrucción de la vida, si no a la construcción de la belleza. Piezas de la maquinaria perfecta que es esta Flauta mágica. El mejor ejemplo de lo que pueden lograr el hombre cuando toma el camino recto y se empeña en alcanzar la excelencia.

Creo que, al igual que Papageno (bravíssimo Alex Esposito), ya he hablado demasiado. Así pues, echo ahora el candado a mi boca, y dejo que suenen los acordes de la flauta.



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