A petición de EL MANCO, en este post os presento un escrito que redacté en 1998. Por entonces mi nariz era mucho más pequeña, pues aun no me había convertido en mentiroso profesional. El texto en cuestión trata de dar una definición amplia de Arte, en la que cabrían tanto los relatos de Cortazar como los goles de Zico. Han pasado casi diez años desde que parí esta teoría, y no estoy seguro de que, a día de hoy, me identifique totalmente con ella. No obstante, me apetece someterla a vuestra consideración y que tratéis de encontrar argumentos y ejemplos para corroborarla o desmontarla. Ahí va eso:
"El comportamiento humano se rige por dos principios: el instinto de supervivencia y el instinto de reproducción. El instinto de supervivencia es el que nos mueve a trabajar, a procurarnos alimento, vestido y vivienda, a no dejarnos atropellar por los coches. Por el instinto de reproducción perseguimos a los seres del otro sexo, nos peleamos con los del nuestro propio y nos ponemos en ridículo ante unos y otros.
Analizados los motivos de las acciones de hombre, casi todas responden a uno de estos dos estímulos. Pues bien: Toda actividad humana que no persiga la supervivencia o la reproducción, es Arte.
El comportamiento humano responde a esta dualidad motriz porque somos animales. Ellos llevan el instinto hasta sus últimas consecuencias, y nada de lo que puedan hacer se escapa de ambos impulsos. Nosotros, en cambio, tenemos una tercera categoría de actuación, que es el Arte. Por tanto, el Arte es lo que, a ojos de un observador imparcial, nos distingue de todo el reino animal, lo que nos hace especiales, auténticamente hombres.
Hacemos Arte siempre que no comemos o follamos, siempre que no realizamos acciones cuyo fin último sea comer o follar. Hacemos Arte todo el tiempo, y casi sin querer. Hacemos Arte cuando cantamos en la ducha, cuando garabateamos los apuntes en las clases aburridas, incluso cuando eruptamos por el mero placer de hacerlo. El Arte es mucho más que la Pintura, la Escultura, la Arquitectura, la Música, la Poesía y el Teatro.
Partiendo de un concepto tan amplio, no es difícil deducir que el Arte no tiene reglas. Las acciones no instintivas, y sus consecuencias, las obras, no son o dejan de ser Arte por ajustarse a unos cánones objetivos, y, mucho menos por encajar en el gusto subjetivo (y pervertido) de los críticos. Lo son, o no lo son, por definición.
Los artistas son los profesionales del arte. Crean en pos del dinero (supervivencia), o de la fama (que no deja de ser una forma de intentar perpetuarse, ya sea pasando a la posteridad, ya impresionando al otro sexo y llevándoselo a la cama). Luego sus obras no son Arte.
Esta aparente contradicción se salva introduciendo al espectador, al lector, al consumidor, al usuario del arte. El que mira un cuadro, el que lee una novela, el que escucha una canción, no busca la supervivencia individual o de la especie. Por tanto, está haciendo arte: la obra de los artistas se convierte en arte a través de su uso. De esta forma, si aceptamos que la calidad artística puede cuantificarse, lo cual es harto dudoso, habría tanto más categoría en una obra cuantos más consumidores tenga.
¿Qué es lo que busca el espectador en el arte? Placer. Placer estético. El espectador aspira a que la obra le haga cosquillas en el alma, que despierte en su interior una sensación de belleza, que unos viven con la cabeza (si es una creación intelectual), otros con el corazón (si es sentimental), y algunos, incluso, con el bajo vientre (erotismo y pornografía). Si aceptamos que el placer puede mesurarse, lo cual es harto dudoso, una obra sería tanto más artística cuanto más placer estético produzca.
El crítico es el espectador profesional (supervivencia). Nada hay de artístico en su mirada. El crítico es el asesino del arte.
Conclusiones:
El arte no tiene porque ser, necesariamente, un medio de crítica social, moral, o política; la crítica persigue siempre mejoras económicas, y estas se reconducen fácilmente a la supervivencia y la reproducción. El arte no tiene porque ser realista, ni sincero; la obra de arte no es un acta notarial de hechos, ni de sentimientos, ni de impresiones; es sólo un instrumento de deleite. El arte no tiene porque ser sesudo, ni aburrido; pensar es bueno y placentero; pensar mucho es estéril, y suele producir dolor; si al usuario le duele la cabeza, o el alma, o se queda dormido, no está para la obra, y no hay arte. El arte, finalmente, no tiene porque ser críptico y elitista; nadie puede disfrutar lo que no entiende;. si nadie comprende la obra, nadie querrá contemplarla, y no habrá arte.
El Arte, con mayúscula, no es bueno ni es malo. El arte con minúscula, el de los artistas, es tanto mejor cuanto más placer produzca a mayor número de personas, si es que ambos parámetros se pueden calcular.
Sin críticos, viviríamos mejor.
Si consideramos que la supervivencia y la reproducción son las cosas esenciales, bien se podría decir que el arte es el oficio de lo inútil. Pero si nos damos cuenta de que estirar nuestra vida y la de nuestra especie por los siglos de los siglos es una actividad un tanto hueca si solo se justifica en si misma, llegaremos a la conclusión de que, tal vez, el Arte sea lo único que da contenido a la existencia. Lo único útil de verdad".
(Reflexiones sobre el Arte, Pinocho 1998)